El sector de los videojuegos ha experimentado recientemente un cambio hacia el control de activos y las economías impulsadas por los jugadores. Las plataformas de videojuegos convencionales funcionan de forma independiente, donde los elementos del juego se limitan únicamente a los videojuegos. Esta configuración crea una escasez artificial y restringe el valor de las inversiones de los jugadores. Sin embargo, en este momento han surgido los videojuegos blockchain, que prometen la posesión de activos, pero se enfrentan a retos como problemas de experiencia de usuario y escalabilidad limitada, además de entornos desconectados.
La unión de estos ámbitos exige una infraestructura técnica avanzada capaz de satisfacer las necesidades de los juegos en tiempo real, al tiempo que se mantiene la integridad de las transacciones blockchain que esperan los jugadores, con tiempos de respuesta rápidos y proporcionando a los desarrolladores herramientas para incorporar activos sin tener que reconstruir todo el marco del juego desde cero, lo que supone un reto que va más allá de la simple ejecución técnica y abarca el cumplimiento de la normativa y la mitigación del fraude, junto con el establecimiento de marcos económicos sostenibles.









